domingo, 1 de enero de 2012

MOISÉS.

I. Moisés aparece en los sinópticos como legislador: las prescripciones de la Ley se atribuyen a Moisés (Mc 1,44 par.; 7,10 par.; 10,3s par.), excepto los diez mandamientos, que se atribuyen a Dios (Mc 7,9). Con su legislación, Moisés deja testimonio de la dureza del pueblo (1,44 par.) y llega a ceder a ella, frustrando el designio divino (10,5-8 par.). Con Elías, representante de los profetas, Moisés, representante de la Ley, se aparece a los discípulos en la transfiguración (9,4 par.) y ambos reciben instrucciones de Jesús, significando ser éste la norma por la que se juzga la validez de los antiguos escritos (cf. 9,7: «escuchadlo a él»). En Lc, los «dos hombres», Moisés y Elías, que aparecen en la transfiguración (9,30), vuelven a aparecer en el sepulcro (24,4) Y en la ascensión (Hch 1,10).

II. En Jn, Moisés fue ante todo aquel por cuyo medio se dio la Ley (1,17), la dejó a los judíos (7,19) y enseñó la precedencia que tiene el bien del hombre sobre el precepto de la Ley misma (7,22s). Él escribió acerca de Jesús (5,46), pues el éxodo descrito en el Pentateuco era tipo del éxodo final que había de efectuar el Mesías; en particular, su acción de levantar la serpiente de bronce en el desierto fue figura de la vida definitiva que había de comunicar el Hombre levantado en alto (3,14s).

Por otra parte, Jn deshace el mito de Moisés; no había visto a Dios (1,18), no fue él quien dio el pan del cielo (6,32) y su éxodo fracasó, pues los que salieron de Egipto no lograron ver la tierra prometida (6,49.58).

Los dirigentes judíos habían absolutizado la figura de Moisés , único mediador de la antigua revelación que subsistía para ellos. Mientras se profesan discípulos de Moisés (9,28), para ellos Abrahán y los profetas han muerto (8,52s); es decir, se ha olvidado la promesa, anterior a la Ley, que apuntaba al Mesías, y la esperanza de una alianza nueva, la del Espíritu, contenida en los profetas (Jr 31,31-34; Ez 36,25-28).


Pero el Moisés que proponen no es el auténtico. Por una parte, consideran sus escritos como un todo cerrado, privándolos de su dimensión profética; por eso, de hecho, no dan fe a lo que Moisés escribió (5,46s). 


Por otra, nunca han sido fieles a la alianza que él promulgó ni han conservado el mensaje de Dios (5,37b-38); tampoco observan la Ley (7,19), por no anteponer el bien del hombre a la letra del precepto (7,22s); es más, la utilizan según su conveniencia (7,71). De ahí que Moisés sea su acusador y que la esperanza que han puesto en él sea vana (5,45).

Los fariseos proponen su interpretación de Moisés atribuyéndole una autoridad divina fundada en un hecho pasado (9,29: «le habló Dios»). Dios habló entonces, pero ya no habla: no es el Dios de la historia, sino el del Libro.

Al Moisés absolutizado (3,21) se opone «el Hijo», en quien Dios sigue hablando (12,49) y que propone sus verdaderas exigencias (3,31-34)

III. Esteban interpreta la historia de Moisés como la de un liberador rechazado (Hch 7,20-44); comparación entre Moisés y Jesús (Heb 3,1-6); la historia de Moisés, movida por la fe (Heb 11,23-29).

MISION

I. Los seguidores de Jesús han de continuar su misión (Mt 10,1.7s; cf. 4,23; cf. Jn 17,18; 20,21), primero en Israel, luego en el mundo entero (Mt 10,5-6; 28,19; cf. Hch 1,8).

En Mc, la convocación de los Doce se hace para la misión universal (3,14s; no se limita a Israel); es decir, el Israel mesiánico no será, como debía haber sido el antiguo, un centro de atracción para las naciones, sino que ha de ponerse activamente al servicio de la humanidad. La misión confiada por Jesús a los Doce (6,7-12) no tiene éxito (cf. 6,30-33), pues los enviados no salen de las categorías judías. Dos paradigmas para la misión de los discípulos con Israel: con el pueblo sometido a la institución «<la aldea»), sacar a la luz los textos del A T que contradicen la teología oficial de mesianismo guerrero y victorioso (11,2-7); con la institución misma, exhortarla a la enmienda y proponerle un Mesías crucificado (14,13-16).

La actividad misionera está significada en Me con el verbo «ir de paso» (gr. parágo), que aparece tres veces: 1,16, de Jesús que invita a las dos parejas de hermanos; 2,14, donde invita a Leví; 15,21, de Simón Cirineo que vuelve del campo y es obligado a llevar la cruz.

Lc pone dos envíos misioneros: el de los Doce (9,1-6) y el de los Setenta (número que alude a la totalidad de los pueblos del mundo) (10,1), ambos con el mismo mensaje y autoridad (9,2.6; 10,1.9; cf. 10,17); la misión es única y en ella han de participar tanto los seguidores que proceden del judaísmo como los que no proceden de él. La misión de los Doce fracasa (9,40), la de los Setenta tiene éxito (10,17- 20). Renueva la misión universal de los Once (24,46-49).

II. En Jn, Jesús confiere a los discípulos la misma misión que él recibió del Padre (17,18; 20,21); de ahí que los asocie a la realización de las obras del que lo envió (9,4) Y les anuncie que harán obras como las suyas y aun mayores (14,12). Como la de Jesús, la misión de los discípulos se formula en términos de pastoreo (10,11.14; 21,15-).


La misión se realiza colaborando como amigos en la obra de Jesús (cf. 12,26; 15,15) Y el fruto es también propio de los discípulos (15,16). El ámbito universal de la misión está incluido en la universalidad de la comunidad futura (10,16; 11,51s), anunciada por el acercamiento de los 

griegos a Jesús (12,21) y simbolizada por los siete discípulos que participan en la pesca/misión; el número doce, que representa a Israel , queda sustituido por el siete, que alude a la totalidad de los pueblos .

La misión tiene como resultado el fruto en su doble aspecto: el objetivo, los hombres que reciben vida definitiva; el subjetivo, el crecimiento del discípulo en el amor.

Así como la misión de Jesús se expresa en términos de testimonio (8,12.14; 18,37), lo mismo la de los discípulos; ellos dan en medio del mundo el testimonio sobre Jesús que reciben del Espíritu (15,26). La misión se realiza en medio de la persecución solapada o abierta (15,18-20), que puede llegar a ser sangrienta (16,2): son los dolores de parto de la humanidad nueva (16,21).


 III. En Hechos, Jesús envía a los discípulos en 1,8; la misión ha de hacerse con la fuerza del Espíritu; el itinerario marcado, Jerusalén, Judea, Samaría, los confines del orbe, se va verificando en el libro, aunque la salida de Jerusalén no se hace sino forzados por la persecución (8,1.4-25: Samaría); tras su conversión, Pablo predica a los judíos en Damasco (9,20-22); el Espíritu empuja a Pedro a proponer el mensaje a un pagano simpatizante con el judaísmo (Hch 10). Los dispersos llegan a Antioquía y, por primera vez, se anuncia la buena noticia a los paganos (11,19-26). El Espíritu confiere una misión a la comunidad de Antioquía (13,1-4). El anuncio se va extendiendo, Pablo llega a Roma (28,11-31).


Misión de Pablo (Rom 1,5.14); necesidad de la misión (10,14-21); la misión como liturgia (15,15-19); el apóstol, arquitecto (1 Cor 3,10s); papel de los misioneros (4,1); táctica de Pablo (9,19-23); actitud (2 Cor 6,1-10; 1 Tes 2,1-12); llamada de Pablo (Gál 1,15s); dilema (Flp 1,21- 

26).

Testimonio de los cristianos (1 Pe 3,15-17).

MINISTERIOS.

Gr. diakonia; lato ministerium: servicio.

 I. Jesús no pide ser servido, vino para servir (Mt 20,28; Mc 10,45; Lc 22,26s; cf. 12,37); está entre los suyos como e! que sirve (Lc 22,26s), expresión de su amor que continúa en la comunidad (Lc 12,37). Paralelamente, entre los suyos toda actividad o responsabilidad ha de ser servicio, excluyendo todo autoritarismo y dominio (Mt 20,25-2$ par.). Ser primero consiste en hacerse último y servidor de todos (Mc 9,35 par.); e! mayor se igualará al más joven y e! que dirige al que sirve (Lc 22,26)

II. Los Doce se sienten encargados de un servicio (Hch 1,17.25; 6,4; cf. Rom 11,13; 15,31; 1 Cor 3,5.21-23; 2 Cor 6,3); hay muchos servicios, pero un único Señor (1 Cor 12,5; 2 Cor 4,5).

III. Funciones en las comunidades: 

a) Presbyteroi, ancianos (1 Tim 5,1.2; 1 Pe 5,5; cf. Ap 4,4.10). En el Gran Consejo judío, los presbyteroi eran los senadores seglares (Mt 16,21 par.; 21,23, etc.); en los pueblos eran una especie de concejales (Lc 7,3). A imitación del Consejo seglar judío, la iglesia de Jerusalén instituye un consejo alrededor de los Doce (Hch 11,30; 15,2.4, etc.), que continúa más tarde con Santiago (21,18) (traducción, «responsables»; e! término «presbítero» tiene otras connotaciones). Esta institución se propaga a otras iglesias locales (Hch 14,23; 20,17; cf. 1 Tim 5,17-19; Sant 5,14; 1 Pe 5,1); en la comunidad de Timoteo, su función era presidir y tenían un estipendio (1 Tim 5,17). Abusos (1 Pe 5,1-4).

b) Epískopos, encargado, inspector, guardián, dirigente «<obispo» tiene otras connotaciones), que se identifica con presbyteros (Hch 20,17.28 = guardianes; dicho del Mesías, en 1 Pe 2,25) o era quizá el primero entre ellos (Tit 1,5.7). En las Pastorales, el retrato del dirigente es el de un hombre ejemplar (1 Tim 3,1-7; cf. Tit 1,7-9). En Flp 1,1. el plural epískopoi podría designar a los encargados de la administración, pues la carta se escribe para dar gracias por la ayuda económica a Pablo (4,10-20).

c) Diákonos, servidor, agente, auxiliar, colaborador. A menudo no designa una función sino una actividad (1 Cor 3,5; Ef 6,21). Como función, en Rom 16,1, de una mujer; Flp 1,1. Cualidades (1 Tim 3,8-13).

d) Los hegoúmenoi (guías, dirigentes) de Heb 13,7.17.24 son responsables de las comunidades; se recomienda obediencia y docilidad hacia ellos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

MESÍAS.

Término hebreo, «Mesías» = griego «Cristo» = Ungido, Consagrado.

I. Jn especifica que el título gr. «Cristo» corresponde al hebr. «Mesías» (1,41), el Ungido, que se aplicaba a los reyes de Israel. Refiere, pues, el título griego a la expectación mesiánica del tiempo, pero la unción de Jesús Mesías es el Espíritu (1,32s).


En el AT, el rey (1 Sm 2,10.35; 24,7, etc.; Sal 2,2.6, etc.). En el NT, Jesús (Mc 1,1; 8,29 par.), Rey (Mt 25,34; Jn 18,33; 19,19), consagrado por Dios (Mc 1,24; Jn 6,69), ungido por el Espíritu después de su bautismo (Mc 1,10s par.; Lc 4,18s; cf. Is 42,1; 61,1). Intercambiable con Mesías es «Hijo de Dios» (cf. Sal 2,2,7; Mc 14,61; Hch 8,37; 9,20; Rom 5,9s; 8,11; 2 Cor 1,19; Gál 1,12.16; 1 Jn 5,1.5.10). El título «Mesías» designa una misión en la historia; en el mundo helenístico equivale a «Salvador» (d. Lc 2,11; Jn 4,42; Ef 5,23; Flp 3,20; 2 Tim 1,10; Tit 1,4; 2,13; 2 Pe 1,1.11; 1 Jn 4,14).


II. Expresada en términos proféticos, la misión del Mesías es liberar a los hombres de la opresión, implantar el derecho y la justicia en el mundo entero, dar la buena noticia a los pobres (Mt 11,15; 12,18-21). 

En términos del NT, formar una sociedad nueva como alternativa a la existente; la sociedad nueva se llama en los sinópticos «el reino de Dios» (cf. Mc 1,15). Pablo la llama metafóricamente «el Cuerpo (= cuerpo social)» (1 Cor 12,12ss) del que el Mesías es Cabeza (= jefe) (Ef 1,22; Col 1,18). La relación de amor y fidelidad entre el Mesías y su pueblo se expresa, como en el AT, con el símbolo conyugal (Ef 5,23-25; 2 Cor 11,2-3; cf. Os 2,16-18). El Mesías había de ser el jefe inmediato de toda la humanidad y no a través de Israel (Ef 3,3-7; Col 1,26s), aboliendo toda discriminación (Rom 10,12; 1 Cor 12,13; Gál 3,28; Ef 2,13-16; Col 3,11; cf. Ap 5,9; 7,9). Su pueblo es la Iglesia (1 Cor 12,13.17; Ef 1,22; Col 1,18) o comunidad mesiánica (Mt 16,,18), pero el objetivo es la unidad del universo (Ef 1,10). El Mesías hace caducar la antigua alianza (2 Cor 3,14; cf. Heb 8,13) y la Ley (Rom 10,4), obstáculo a la unidad del género humano (Ef 2,14-16).

Constituye a su comunidad no con leyes exteriores, sino infundiéndole el Espíritu (1 Cor 12,13; Rom 8,9); le comunica vida (Col 2,19; cf. Jn 10,10). Como la Cabeza, el Cuerpo es un pueblo de ungidos (1 Jn 2,20-27), de consagrados (1 Cor 1,2) por el Espíritu (1 Pe 1,2) y por el amor (Ef 1,4), de hijos de Dios (Rom 8,16; Gál 4,5; Ef 1,5; 1 Jn 5,1) y sus herederos (Rom 8,17; Gál 4,7). El amor mutuo es la característica, el vínculo y el factor de crecimiento del pueblo-Cuerpo (Ef 4,16; Col 3,14; cf. Jn 13,34s). Para construir la nueva sociedad, el Mesías equipa a los suyos con dones diversos (Ef 4,7.11s).

III. La sociedad judía rechaza al Mesías, y éste muere ajusticiado (Lc 22,37. Cruz = sangre = muerte violenta) en nombre de la Ley (Jn 19,7). Pero su muerte estaba prevista (Mc 8,31 par; Lc 24,26.46; Jn 10,18; Gál 1,4; 2,20) Y es prueba del amor de Dios a la humanidad (Rom 5,8; 1 Jn 4,9s). Ella inaugura la época de! favor de Dios (Rom 5,9; Gál,4.6), libera de! pecado (Rom 6,3.10.14; 8,2; Col 2,11), que es el egoísmo (2 Cor 5,15), de la Ley (Rom 7,4; Gál 5,1), de los determinismos cósmicos (= lo elemental de! mundo) reflejados en las observancias obligatorias (GáI 4,3.9.10; Col 2,20).

Dios reivindica al Mesías y a su obra resucitándolo (Rom , 8,11; 1 Cor 15,15) y exaltándolo, confiriéndole e! título divino de «Señor» (Flp  2,9-11). La resurrección de! Mesías funda la fe y la esperanza (1 Cor 15,17-19), pues su glorificación es la de los suyos (Ef 2,6). El juicio futuro pertenece al Mesías y a los suyos (Rom 2,16; Mt 19,28; 1 Cor 6,2s).

La fe cristiana consiste en reconocer a Jesús como Mesías (Rom 3,22; Gál 1,12; 2,16) Y en seguirlo, trabajando por la creación de una nueva sociedad (Ef 4,12-16).


IV. a) Juan atribuye a Jesús e! título de Mesías ya en e! prólogo (1,17), y Andrés, desde su primera entrevista con Jesús (1,41). Jesús se identifica como tal a la samaritana (4,25s). Durante su enseñanza en el templo, la gente se pregunta repetidamente si es e l Mesías 
(7,26s.31.41s). Los dirigentes le piden que se declare Mesías (1010,24.Reconocer a Jesús como Mesías es parte de la formulación de la fe en Jesús (11,27; 20,31).

Al Mesías se le designa como «e! Hijo de Dios», en cuanto es su presencia y actúa como él «el Esposo», en cuanto funda la nueva alianza , «el Consagrado por Dios», en cuanto ha sido elegido y ha recibido su unción , «e! Pastor», en cuanto dirige al pueblo .


En 1,17, Jn opone Jesús Mesías a Moisés el legislador. El Mesías no legisla ni se apoya en la Ley, su obra está en la línea de la creación y consistirá en hacer que exista en el hombre el amor leal (1,17). La característica de! Mesías Jesús es ser e! portador del Espíritu: el Espíritu es su unción y en comunicarlo consiste su misión (1,33); así efectuará la liberación (1,29); es «e! Cordero de Dios», cuya carne será alimento y cuya sangre librará de la muerte (1,29). Jesús comunica a sus discípulos la unción mesiánica (e! Espíritu), para que ellos continúen su misión (17,17; 20, 22). El Mesías es también Maestro (1,38.49; cf. 3,2). La manifestación mesiánica de Jesús es su primer acto público (1,13ss). Su gesto se interpreta mal: los discípulos y los peregrinos que llenan Jerusalén proyectan en Jesús su ideal mesiánico violento (2,17.23-25); Nicodemo, e! jefe fariseo, proyecta su ideal de Mesías maestro de la Ley (3,2).

b) El modo de obrar de Jesús ante el mundo injusto está compendiado en la exposición que hace ante Pilato de las características de su realeza (18,33-38). En primer lugar, Jesús no usa la fuerza para afirmar su derecho (18,36); en segundo lugar, su misión consiste en dar testimonio de la verdad (18,37). Con estos dos rasgos describe su postura ante «el mundo». Este es un sistema de poder movido por e! afán de lucro y gloria personal (2,16; 5,41-44; 7,18; 8,44a); sus armas para dominar son la violencia (homicida) y la ideología (mentirosa) (8,44). Jesús no se opone con la violencia a la violencia del poder, pero desenmascara «la mentira» dando testimonio de «la verdad». Esta no consiste en una ideología opuesta, sino en la comunicación de vida (el Espíritu) al hombre, dándole la experiencia del amor de Dios (la verdad sobre Dios) y de la libertad y dignidad a que Dios lo llama (la verdad sobre el hombre) .

Lo mismo que comunica el Espíritu, su unción mesiánica, hace participar de su propia realeza (cf. 19,12). Jesús no acepta que «lo hagan rey» (6,15); el hombre tiene que hacerse rey él mismo (19,12), llegando a la suma libertad y plenitud por su entrega total.

MENSAJE.

I. Jesús proclama la buena noticia del reinado de Dios, es decir, de que se abre una alternativa a la sociedad injusta.

Invita a todos, justos y pecadores, observantes y descreídos, a reconocer a Dios como Padre y a cambiar de vida, para construir una sociedad de hermanos.

El reinado de Dios se realiza gradualmente, no con un golpe de fuerza, pues depende también de la respuesta de los hombres (Mc 4,3-9.13-20 par.). Su campo es el mundo entero (Mt 13,37s), sin limitarse a Israel.

Mt resume el mensaje en las bienaventuranzas. La puerta de entrada al reino de Dios es la renuncia a la riqueza y a la ambición de riqueza (Mt 5,3; cf. 6,19-24; Lc 6,20. 24; 14,33; 16,13), que lleva consigo la renuncia al prestigio social y al poder, Esta opción elimina la base de la injusticia y abre un proceso de liberación para los oprimidos de la humanidad (Mt 5,4-6); se traduce en la ayuda al prójimo (5,7), sin segundas intenciones (5,8), trabajando, como hace Dios, por la felicidad de los hombres (5,9). La existencia del grupo humano que ha hecho esa opción y se dedica a esa actividad provoca la persecución por parte de la sociedad injusta' (5,10). Paralelamente en Le 6,20-23).

Este mensaje se formula de diversas maneras en los sinópticos, por ej., en las condiciones del seguimiento: renegar de sí mismo equivale a la primera bienaventuranza; cargar con la propia cruz, a la última (Mt 16,24). También la eucaristía expresa la misma opción: comer el pan/cuerpo de Jesús significa asimilarse a su modo de vida y actividad; beber el cáliz/sangre, aceptar la oposición y aun la muerte sin cejar en el empeño (Mt 26,26-28). Para Mc, vse. «el secreto del Reino». En Juan el mensaje se identifica con el mandamiento del amor.

II. La acogida que hace Jesús a los pecadores y descreídos provoca la indignación de los fariseos, que la estiman la ruina de la moral (Mc 2,16 par.; Mt 11,19 par.; Lc 15,2; cf. 19,7). Jesús reivindica su actitud: necesitan quien se cuide de ellos (Mc 2,17 par.) y saben agradecer (Lc 7,36-50). Están más cerca de Dios que los observantes que confían en su piedad (Lc 18,9-14), que fingen obediencia a Dios (Mt 21,28-32), pero se resisten a su llamada (Le 14,16-24) y a su mensajero (Mc 12,1-9 par.), sin piedad con los hermanos extraviados (Lc 15,25-32).

lunes, 26 de diciembre de 2011

MARÍA MAGDALENA.

La figura de María Magdalena tiene significados diferentes según los evangelios. En Mt y Mc aparece como una de las mujeres que están al pie de la cruz, presencian la sepultura de Jesús y van al sepulcro con aromas (Mt 27,56.61; 28,1; Mc 15,40.47; 16, 1), persuadidas de que con la muerte de Jesús todo ha terminado (aromas).

En Lc aparece entre las mujeres que acompañan a Jesús en su recorrido misionero (8,2); se especifica que Jesús había expulsado de ella siete demonios. Forma parte del grupo de mujeres impuras que Jesús ha purificado y aceptado y que, en agradecimiento, comparten lo que tienen con el grupo (relación con la pecadora de 7,36-50). Con otras mujeres, lleva aromas al sepulcro (24,10).  

MANDAMIENTO

I. En Mt, las bienaventuranzas toman el puesto de los mandamientos de la antigua Ley. Distingue Mt los mandamientos de Dios en la antigua alianza (15,3; 19,17; 22,36-40), Y el de Moisés (19,7), de las bienaventuranzas, mandamientos mínimos de Jesús (5,19), a los que se refiere Jesús 'en la misión final (28,20: «todo lo que os mandé»). De otro modo, formula su mandamiento/seguimiento como «mantenerse despiertos» (24,42s; 25,13; cf. 26,38.40s).

En Mc, se contradistingue el mandamiento de Jesús, «mantenerse despiertos» (13,34.37), de los de Dios (7,8.9; 10,19; 12,28-31) Y del de Moisés (10,3.5). Aparece así Jesús tomando el puesto del legislador humano y del divino; es la figura del Hombre-Dios (cf. 2,10.28). Como en Mt, el paralelo con la recomendación de Jesús en Getsemaní (14,34.37s), muestra el significado del mandamiento: hacer suya la disposición de Jesús de afrontar incluso una muerte sin gloria con tal de cumplir el designio del Padre. Es otra formulación del seguimiento hasta el fin (cf. 8,34).

 En Lc, las bienaventuranzas parecen resumir el código de la nueva alianza (6,20-23). -

II. En Jn, el término gr. entolé, aunque en boca de Jesús no tiene sentido de «mandamiento», sino de «encargo», se traduce por «mandamiento» para conservar la oposición a los de la antigua alianza, que nunca en Jn se llaman entolai ni remata, por haber sido sustituidos por los de Jesús.

a) Existe un mandamiento/encargo del Padre a Jesús; entregar la vida para llevar a cabo la obra de salvación (10,18; cf. 3,16; 18,11). Por otra parte, el Padre le dio un «mandamiento» sobre lo que tenía que decir y que proponer (12,49), que no es independiente del anterior(10,18). Significa que la doctrina de Jesús no es más que la propuesta a los hombres de una entrega semejante a la suya, como la formula en su mandamiento a los discípulos: «Igual que yo os he amado, amaos también vosotros unos a otros».

 b) Para constituir la nueva comunidad humana promulga Jesús un único mandamiento, el mandamiento nuevo, que sustituye al código de la antigua alianza (13,34); así como la Ley daba la identidad a Israel, este mandamiento es el distintivo de la nueva comunidad ante el mundo entero (13,35).

 Este mandamiento de Jesús extiende a los suyos el mandamiento que él recibió del Padre. Siendo Jesús el Hijo, amar como él ha amado constituye a los hombres en «hijos de Dios» (1,12). El mandamiento no se refiere a Dios ni a Jesús, sino a los hombres: tal es el amor que responde a su amor (1,16).


 El mandamiento es «nuevo» (13,34) por la norma que propone (<<Igual que yo os he amado»), el amor del Hijo único que posee la plenitud del Espíritu (1,32s), el que se entrega por sus amigos (15,13) y da la vida por las ovejas (10,11); cesa como insuficiente la antigua norma: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19,18).


También es nuevo por su contenido (<<unos a otros-): en la antigua Ley el hombre había de amar a Dios sobre todo (Dt 6,4s), pero con su amor y fidelidad humanos; Dios estaba «separado» del hombre y podía ser «objeto» de amor. Ahora Jesús comunica el Espíritu, la fuerza de amor del Padre mismo (15,26), que identifica con Jesús y con el Padre (14,20). Dios no exige que el hombre se entregue a él; él se entrega al hombre como fuerza de amor, por la que el hombre puede, a su vez, entregarse a los demás. Los discípulos aman «desde Dios», siendo uno con el Padre y el Hijo (17,21-23). Por eso el mandamiento de Jesús no prescribe ya el amor de Dios, sino el amor entre los hombres.

 c) Al lado del mandamiento de Jesús existen «sus mandamientos» (14,15.21; 15,10). El mandamiento de Jesús constituye la comunidad: el amor de Jesús, que hace libres, se experimenta en el de los hermanos (13,15). «Los mandamientos», nunca especificados, despliegan la actividad, son la práctica del amor a los hombres, el trabajo para realizar las obras de Dios (9,4). El mandamiento de Jesús es el fundamento de la misión, pero también su término: es el código vigente en la nueva sociedad humana a la que Jesús da comienzo. Es al mismo tiempo el prototipo de «los mandamientos»: Jesús, que da la vida por sus amigos (15,13), se entrega por la humanidad entera (3,16; 10,10.15).

d) Existe un paralelo entre el uso de «mandamiento/mandamientos» y el de pecado/pecados» (1,29; 8,21.23.34; 20,23). En ambos casos el singular denota la opción fundamental: por el amor al hombre hasta dar la vida (mandamiento) o por el provecho propio hasta quitar la vida al hombre (pecado; cf, 8,44). Mandamiento y pecado son, por así decirlo, constituyentes; cada uno funda una solidaridad: el pecado da existencia al «mundo/orden este», la esfera sin Dios (8,23: «lo de aquí abajo»); el mandamiento da existencia a la comunidad de Jesús, la nueva humanidad, esfera de Dios o del Espíritu (8,23: «lo de arriba»).

 Los grupos formados por estas opciones desarrollan su actividad en favor o en contra del hombre; a ella corresponden respectivamente «los mandamientos» de Jesús y «los pecados» o injusticias.

 e) Para cumplir los mandamientos de Jesús es indispensable estar identificado con él por el amor (14,15), que supone el don del Espíritu (14,19s . Así el mandamiento no se cumple como una norma exterior que el hombre adopta; es la Ley escrita en el corazón (Jr 31,33; Jn 1,16).

 f) El término gr. remata, palabras, designaba también los mandamientos de la Ley mosaica (Ex 34,1.27s; Dt 4,13). «Las exigencias» (ta remata), en paralelo con «los mandamientos», ignifican la práctica del amor en la actividad; el hombre, por la experiencia de vida que la práctica del amor le comunica, conoce de manera inmediata la procedencia divina de las exigencias de Jesús (3,34; cf. 17,8).