lunes, 2 de enero de 2012

NACIMIENTO.


I. Para Jn, el nacimiento natural del hombre lo constituye en la condición humana llamada «carne» (3,6), caracterizada por su debilidad y transitoriedad. El hombre así nacido aún no está acabado de crear; para realizarse como hombre y poder participar del reino de Dios, necesita «nacer de nuevo/de arriba» (3,3), en otros términos, «de agua y espíritu» (3,3). Por este nacimiento, el hombre-carne pasa a ser hombre-espíritu (3,6; cf. 7,39), semejante a Dios (cf. 4,24) en la capacidad de amar y libre como e! Espíritu mismo (3,8). «Nacer de Dios» capacita para «hacerse hijos de Dios» (1,12) por la actividad de! amor; tal es e! sentido del mandamiento de Jesús (3,34) , cuya realización crea la perfecta unidad (17, 11.21-23). Sólo con esta clase de hombres puede formarse la nueva sociedad (3,3.5: «el reino de Dios»). Se nace de nuevo para una misión, la que confiere el Espíritu-unción (17,17; cf. 15,26; 16,13; 20,21s).

II. En el episodio del ciego de nacimiento (9,1ss) ejemplifica Jn los dos nacimientos: el hombre que ha nacido ciego es «carne»; la debilidad propia de esa condición es la que permite que sea un oprimido ancestral, Sin culpa propia ni de sus padres (9,3). La obra de Jesús con el ciego, «abriéndole los ojos» (9,10.14.17.21.26.30.32), equivale al segundo nacimiento, por el que crea el hombre nuevo (barro/tierra - saliva/Espíritu). La nueva condición del hombre se manifiesta inmediatamente en la independencia (9,8: «era mendigo») y libertad de movimientos (9,8: «estaba sentado»), así como por su identidad encontrada (9,9: «Soy yo»), semejante a la de Jesús (cf. 4,26). Siendo el mismo, es diferente (9,9: dudas de los vecinos).

III. Con la metáfora «nacer de prostitución» (8,41), tomada del AT, se significa la idolatría (Os 1,2). Se oponen así dos nacimientos, el de los que tienen por Padre (origen, modelo y principio inspirador) a DIOS, que nacen del Espíritu y se convierten en «espíritu/dinamismo de amor» (3,6; 7,39; cf. 4,24), Y e! de aquellos que tienen por padre al dios falso, al ídolo llamado «el Enemigo»/diablo'(8,44) y que se convierten como él en «enemigos» (cf. 6,70s).

Con este lenguaje figurado expone Jesús las opciones del hombre.


La opción positiva, que reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús y responde a él tomándolo como norma de conducta, termina la creación de! hombre, haciéndolo «nacer de Dios» (1,12). La opción negativa, que rechaza el amor de Dios y adopta como norma de conducta el dominio y el provecho propio, frustra el designio creador y convierte al hombre en enemigo de Dios, situado bajo su reprobación (3,36). Dios es principio de vida (5,26; 6,57, etc.) y de verdad (8,40); el dios falso, de muerte y mentira (8,44).

domingo, 1 de enero de 2012

MUNDO.

I. El gr. kósmos tiene varios significados:

a) El mundo físico, la tierra y lo que contiene: «desde la creación del mundo» o semejo (Mt 13,35, etc.), «ganar el mundo entero» (Mt 16,16 y par.), otras frases (Jn 1,10; 16,21; 21,25; 1 Cor 5,10; 8,4, etc.).

b} En particular, la humanidad: «luz del mundo» (Mt 5,14; cf.5,16; Jn 8,12); «el campo es el mundo» (Mt 13,38); «¡ay del rnundo!» (Mt 18,7); «Dios demostró su amor al mundo» (Jn 3,16); "para la vida del mundo» (Jn 6,51); «juzgar», «salvar al mundo» (jn 12,47), etc.

c) La humanidad en cuanto estructurada en un orden socio-religioso injusto y rebelde al designio de Dios. «El mundo este» el orden presente (Jn 8,23; 12,25.31; 16,11; 18,36; cf. 1 Cor 3,19; 7,31; Ef 2,2; 1 Jn 4,17). El jefe del orden presente es el Enemigo/el diablo (Jn 12,31; 14,30; cf. Le 4,5-6; Ap 13,2b); «ser del diablo» equivale a «pertenecer al mundo este» (Jn 8,44; 1 Jn 3,8-10).

 II. a) En los escritos joaneos, el mundo como humanidad es objeto del amor de Dios (]n 3,16; 12,47); el mundo como orden social (representado en Jn por «los Judíos», en el Ap por el Imperio romano), es enemigo de Dios, está todo en poder del Malo (1 Jn 5,19; Ap 13,2; cf. Lc 4,6). Dios, que ama a la humanidad, quiere salvarllo.de la estructura de mal que ésta ha creado; para ello manda a su HIJO, que da al mundo la posibilidad de salir de su pecado (Jn 1,2?; 1 Jn 4,10s.19), de tener vida (J n 10,10). La humanidad y cada hombre tiene que optar entre la vida que Dios ofrece en Jesús (Jn 4,10: «agua viva»; 6,48: «el pan de la vida»; 8,12: «la luz de la vida»; 11,25: «la resurrección y la vida», d. 5,26) o condenarse a la muerte (1,4s.12; 6,53).

b) El choque entre Jesús y el mundo como sistema injusto se debe a la oposición diametral entre la ideología del mundo y el mensaje de Jesús, que representan dos escalas de valores antagónicos. Jesús denuncia la maldad del mundo/sistema (Jn 7,7) y no acepta sus honores (5,41.43), porque el mundo es tinieblas (Jn 1,5.10), vive en las tinieblas (1 Jn 2,11) y, por su maldad, prefiere las tinieblas (Jn 3,19); es esclavo del pecado porque no está en la verdad (Jn 8,32-34) y la detesta (8,44- 46); está ciego, porque vive en el odio (1 Jn 2,9.11; 3,15) Y es asesino (Jn 7,19; 8,37.40.44; 1 Jn 3,12.15).

 Su odio a Jesús (Jn 15,18), que es odio a Dios (15,23), es un odio sin razón (15,25), culpable (15,22), no nace sólo de error, sino de mala fe (15,24); el mundo es refractario al mensaje de Jesús (8,37), no tolera la verdad (8,43.46), quiere suprimirla (7,19; 8,37). Se ha fabricado su propio dios que no es el verdadero (Jn 8,55; 16,3), sino un ídolo (1 Jn 5,20s); por eso no acepta que Dios lo interpele (6,41s).

 c) Jesús no propone una reforma del mundo/orden presente, sino una alternativa; para ser discípulo suyo no basta ser mejor, es condición «no pertenecer al mundo» como él no pertenece (15,19; 17,14.16). Tampoco su realeza pertenece al mundo/orden presente, pues no usa la violencia, se basa en la verdad (18,36s). El discípulo ha de optar por Dios contra el mundo (17,6), pues ambos son incompatibles. La misma intransigencia en Pablo (Gál 6,14).

Se pertenece al mundo o al diablo cuando se odia (1 Jn 2,11; 3,12.15), cuando no se practica la justicia o no se ama (1 Jn 3,10), es decir, cuando no se cree que Jesús es el Mesías (1 Jn 4,2s.5). Un sumario de lo propio del mundo: los bajos deseos, el afán de tener.(«los ojos insaciables»), la arrogancia del dinero (1 Jn 2,16), la insensibilidad ante la necesidad ajena (1 Jn 3,17).

Se está de la parte de Dios, se es «hijo de Dios» (Jn 1,12; 1 Jn 5,1). Y no se pertenece al mundo/sistema injusto cuando se acepta el mensaje, que exige como actitud vital el amor fraterno (Jn 13,34s; 15,12.17; 1 Jn 2,7.10; 4,7.21) expresado en el servicio a imitación de Jesús (Jn 13,13- 17), hasta dar la vida (Jn 15, 13; 1 Jn 3,16).

 En otros términos, la esencia del mundo está en el egoísmo, que se manifiesta en rivalidad, mentira, opresión, odio y asesinato. La del mensaje de Jesús es el amor fraterno, que se traduce en solidaridad y servicio sin límites.

 lII. Los sinópticos, sin emplear la palabra «mundo» en el sentido de Jn, muestran la oposición de Jesús a los valores y convenciones de aquella sociedad. El uso del poder es lo opuesto al reinado de Dios (Mt 4,8-10; Lc 4,5-8;) y Jesús lo excluye absolutamente entre sus discípulos (Mt 20,25-27 Y parr.), exigiendo la igualdad (ibid.) y el servicio mutuo, a ejemplo suyo (Mt 20,28 Y parr.); excluye los honores y la ambición (Mt 18,1-5 y par.; 23,8-12); contrapone a Dios y al dinero (Mt 6,24; Lc 16,13) e invita a desprenderse de todo (Mt 19,21 par.), pues la riqueza es obstáculo al reinado de Dios (Mt 19,23-26 par.; Lc 16, 1-13). Pide un compromiso capaz de afrontar el deshonor, la persecución y la muerte (Mt 16,24-26 par.)

 Contrapone la dureza de corazón del sacerdote y del clérigo a la compasión del hereje (Le 10,31-33) y no tolera el comercio en el templo (Mt 21,12s par.). Denuncia la hipocresía y corrupción de los dirigentes espirituales del pueblo (Mt 22,1-6.16-18; 23,1-36 par.), después de haberles anunciado que se retira de ellos el reinado de Dios (Mt 21,43; cf. 45). No acepta discriminaciones, se reúne a comer con gente irreligiosa y de mala fama, odiada por ser funcionarios del gobierno opresor (Mt 9,10s par.; Lc 19,5-7), y acepta también invitaciones de fariseos (Lc 7,36; 14,1). Admite en su círculo íntimo a un recaudador colaboracionista y a un nacionalista fanático (Mt 10,1-4 par.; cf. 9,9). Rompe las convenciones de la época admitiendo que algunas mujeres lo acompañen con los Doce en su predicación itinerante (Lc 8,1-3) y en su viaje de Galilea a Jerusalén (Mt 27,55; Le 23,49), y permitiendo que lo toque una mujer de mala vida (Lc 7,38). Sus contemporáneos lo condenan, aplicándole el mote de «comilón y borracho, amigo de recaudadores y descreídos» (Mt 11,19 par.).


 IV. La reacción del mundo/orden injusto frente el grupo cristiano es de odio (Jn 15,18s; 17,14; 1 Jn 3,13; d. Mt 10,22 par.), que desembocará en persecución y en muerte (Mt 5,11 par.; Jn 16,1-4). Ante ella, los discípulos no han de temer (Mt 10,26 par.), sino estar alegres (Mt 5,12 par.), tranquilos y animosos (Jn 16,33), sabiendo que el Padre no los abandona (Mt 10,29-31 par.), que grande es su recompensa (la experiencia de! amor de! Padre) (Mt 5,12 par.) y que Jesús ha vencido al mundo Un 16,33; cf. 12,31).


A sus discípulos, que no pertenecen al mundo, Jesús, sin embargo, los envía al mundo (Jn 17,18; cf. Mt 28,19), donde, movidos por el Espíritu de la verdad, han de ser sus testigos (Jn 15,26s; Hch 1,8) en el proceso que Dios abre al mundo para demostrar que Jesús tenía razón, que el mundo era culpable y que su poder está vencido (Jn 16,8-11).


Los discípulos vencen al mundo por su fe en que Jesús es el Mesías ye! Hijo de Dios (1 Jn 5,1.4s), fe que hace hijo de Dios y compromete al amor fraterno (1 Jn 5,1); esa fe, que ve en Jesús al Hijo de Dios, es decir la presencia y actividad de Dios en favor de los hombres, es la que vence al mundo (1 Jn 5,5).

La resistencia y el odio que despierta en el mundo la realidad del amor cristiano (Jn 15,17-20) podrán ser vencidos por e! testimonio de unidad de los discípulos (Jn 17,21), que demostrará al mundo que Jesús es e! enviado de Dios y que Dios está con ellos (Jn 17,23).

 V. En el Apocalipsis e! mundo está encarnado en el Imperio romano (cf. Introd. al Ap). En lenguaje mítico se expresan los mismos temas que se han encontrado en e! Evangelio:  el poder satánico (13,2b), la mentira como arma (13,11-14; 19,20), la persecución declarada (13,7) o discriminatoria (13,16s), la victoria de Jesús Mesías (19,20s). Ésta tiene lugar por su palabra, simbolizada por la espada que sale de su boca (19,21), lo que describe figuradamente el triunfo anunciado en las parábolas del Reino (Mt 13,33; Mc 4,26-32).

MUJER.

I. En los sinópticos, hay figuras femeninas que representan grupos con determinada característica. Así, la mujer con flujos de sangre (Mc 5,25-34 par.) es figura de ciertos marginados de Israel que no ven alternativa más que en Jesús; la mujer sirofenicia (Mc 7,25-30 par.) representa la clase dominante pagana; la viuda pobre (12,42-44 par.) es figura del Israel fiel a Dios; la mujer que unge a Jesús con perfume de nardo (Mc 14,3-9 par.), del grupo dispuesto a seguir a Jesús hasta el fin. En Lc, la madre viuda cuyo hijo ha muerto (7,11-17) representa a Israel o a su símbolo, Jerusalén; la pecadora (7,37-50), a «los pecadores» marginados, en oposición a «los justos/fariseos (cf. 7,29).


 II. En J n «mujer» se encuentra como apelativo dado por Jesús a su madre (2,4; 19,26), a la samaritana (4,21; d. 4,7.9.11) Y a María Magdalena (20,15; cf. 20,13). Sin embargo, «mujer» no era apelativo que los hijos usaran con su madre; tiene, por el contrario, la connotación de «mujer casada», «esposa».

a) La madre de Jesús representa al Israel fiel a la alianza y que espera la realización de las promesas (el resto de Israel), en cuanto es origen de Jesús. En ese sentido, es llamada «esposa» de Dios (2,4 y 19,26: «Mujer»), según la concepción de la alianza como enlace nupcial entre Dios y el pueblo . En Caná pide a los sirvientes (figura de los discípulos) que sean fieles a la alianza nueva que el Mesías va a inaugurar «en su hora» (2,5). Al pie de la cruz, la madre de lsrael es acogida en la nueva comunidad universal, representada por el discípulo predilecto (19,26s).

b) La samaritana aparece como la esposa (4,21: «Mujer») adúltera ( = idólatra, cf. Os 1,2; 2,4ss), a quien el Mesías (]n 4,25s) habla en la soledad y vuelve al amor primero (cf. Os 2,16).

c) María Magdalena representa a la nueva comunidad, que comienza en la cruz, en su papel de esposa (20,15: «Mujer»), Su búsqueda de Jesús (20,1,11ss) recoge el tema nupcial del Cantar. En el huerto/jardín escucha la voz de Jesús, pero sólo lo reconoce cuando la llama por su nombre (20,16; cf. 10,3). La voz de la esposa que responde al esposo (20,16: «María», «Rabbuní/Maestro»; cf. 3,29: la voz del esposo) es señal de la restauración anunciada. Jesús y María Magdalena representan la pareja primordial que da comienzo a la humanidad nueva.


d) En la cena de Betania, lo mismo que la resurrección de Lázaro anticipa la de Jesús, la figura de María anticipa la de María Magdalena. 

En Jn, todas las figuras femeninas que desempeñan el papel de la esposa fiel llevan el nombre de María (12,3; 19,25: María de Cleofás = la madre de Jesús), María Magdalena ( = la hermana de la madre).

e) La mujer que sufre en el parto y da luz al hombre (16,21) representa a la nueva humanidad que, comenzada en Jesús, se prolonga en su comunidad. En medio del dolor, la persecución y la muerte (dolores de parto) da a luz para el mundo al hombre según el proyecto divino.

MUERTE.

I «Muerte» (gr. thánatos) denota en primer lugar la muerte física como hecho objetivo comprobable (Mt 10,21; 15,4, etc; Jn 11,3; 12,33; 18,32; 21,19); también la muerte como experiencia subjetiva (Jn 8,51s; 11,4). Pero, además, significa una condición de muerte (Mt 4,16, cf. Is 9,1; Lc 1,79; 1 Jn 3,14), que, según Jn, procede de la opción por el pecado (5,24); ésta priva al hombre de la experiencia de plenitud y lo condena a muerte definitiva (5,21.24.25).

«Morir» (gr. apothnésko) denota de suyo la muerte física (Mc 12,20-22 par.; Jn 8,52s; 11,14.16,21, etc), connotando a veces la muerte definitiva Un 6,49.58; 8,21.23) o refiriéndose a la muerte como experiencia (Jn 11,26).


lI. En Jn, «perecer» (gr. apóllymai) denota la muerte definitiva, opuesta a la resurrección. El que vive en estado de muerte, al morir físicamente, perece; por el contrario, el que tiene la vida (gr. zoe), al morir sigue viviendo (gr. záo), se levanta de la muerte (gr. egeíromai), resucita (gr. anístamail anástasis).

El estado de muerte (cf. Ez 37,1-14) está tipificado en Juan en el inválido de la piscina (5,1ss), donde se escenifica cómo Jesús quita «el pecado del mundo» (3,29), la opción por un sistema que priva de vida y frustra el designio creador. Jesús lo quita ofreciendo al hombre la integridad y la libertad, el Espíritu (cf. 5,21; 6,63).

La muerte física pone en evidencia la debilidad (gr. asthéneia) radical de «la carne», su transitoriedad. En sí misma es un acontecimiento normal para el hombre, pero la calidad de la muerte difiere según éste posea o no la vida definitiva (el Espíritu). Para quien la posee, la muerte no es una experiencia de destrucción (8,51; 11,26); superada por la potencia de la vida, se convierte en resurrección. Por el contrario, para el que participa del pecado del mundo, la muerte física señala el fin de la existencia (3,16: «y no perezca»; 6,69: opos. entre «perecer» y «resucitar»).


Jesús acepta la muerte libremente; entrega su vida, pero así la recobra (10,17s). «Entregar la vida» es un símbolo del continuo don de sí por amor; su última y suprema expresión será la aceptación de la muerte para mostrar que el amor no se detiene ni siquiera ante el odio 
mortal de los enemigos (19,28-30). El amor del discípulo ha de mostrarse, como el de Jesús, en el don total (13,34s). El deseo de esquivar la muerte produce esterilidad y lleva a perderse (12,24s).


III. Pablo, como Jn, conecta pecado y muerte, que no significa la muerte física, sino la definitiva (Rom 5,12.14.17. 21; 6,23; 7,13); liberación de la muerte (8,2); será vencida como último enemigo (1 Cor 1526.54-56); liberación de la muerte, fruto de la muerte de Jesús (Heb 2,14; 5,7).

En el Apocalipsis se distingue entre la muerte física y la «muerte segunda" (2,11; 20,6.14; 21,8), que significa la aniquilación (cf. 20,14; 21,4).

MOISÉS.

I. Moisés aparece en los sinópticos como legislador: las prescripciones de la Ley se atribuyen a Moisés (Mc 1,44 par.; 7,10 par.; 10,3s par.), excepto los diez mandamientos, que se atribuyen a Dios (Mc 7,9). Con su legislación, Moisés deja testimonio de la dureza del pueblo (1,44 par.) y llega a ceder a ella, frustrando el designio divino (10,5-8 par.). Con Elías, representante de los profetas, Moisés, representante de la Ley, se aparece a los discípulos en la transfiguración (9,4 par.) y ambos reciben instrucciones de Jesús, significando ser éste la norma por la que se juzga la validez de los antiguos escritos (cf. 9,7: «escuchadlo a él»). En Lc, los «dos hombres», Moisés y Elías, que aparecen en la transfiguración (9,30), vuelven a aparecer en el sepulcro (24,4) Y en la ascensión (Hch 1,10).

II. En Jn, Moisés fue ante todo aquel por cuyo medio se dio la Ley (1,17), la dejó a los judíos (7,19) y enseñó la precedencia que tiene el bien del hombre sobre el precepto de la Ley misma (7,22s). Él escribió acerca de Jesús (5,46), pues el éxodo descrito en el Pentateuco era tipo del éxodo final que había de efectuar el Mesías; en particular, su acción de levantar la serpiente de bronce en el desierto fue figura de la vida definitiva que había de comunicar el Hombre levantado en alto (3,14s).

Por otra parte, Jn deshace el mito de Moisés; no había visto a Dios (1,18), no fue él quien dio el pan del cielo (6,32) y su éxodo fracasó, pues los que salieron de Egipto no lograron ver la tierra prometida (6,49.58).

Los dirigentes judíos habían absolutizado la figura de Moisés , único mediador de la antigua revelación que subsistía para ellos. Mientras se profesan discípulos de Moisés (9,28), para ellos Abrahán y los profetas han muerto (8,52s); es decir, se ha olvidado la promesa, anterior a la Ley, que apuntaba al Mesías, y la esperanza de una alianza nueva, la del Espíritu, contenida en los profetas (Jr 31,31-34; Ez 36,25-28).


Pero el Moisés que proponen no es el auténtico. Por una parte, consideran sus escritos como un todo cerrado, privándolos de su dimensión profética; por eso, de hecho, no dan fe a lo que Moisés escribió (5,46s). 


Por otra, nunca han sido fieles a la alianza que él promulgó ni han conservado el mensaje de Dios (5,37b-38); tampoco observan la Ley (7,19), por no anteponer el bien del hombre a la letra del precepto (7,22s); es más, la utilizan según su conveniencia (7,71). De ahí que Moisés sea su acusador y que la esperanza que han puesto en él sea vana (5,45).

Los fariseos proponen su interpretación de Moisés atribuyéndole una autoridad divina fundada en un hecho pasado (9,29: «le habló Dios»). Dios habló entonces, pero ya no habla: no es el Dios de la historia, sino el del Libro.

Al Moisés absolutizado (3,21) se opone «el Hijo», en quien Dios sigue hablando (12,49) y que propone sus verdaderas exigencias (3,31-34)

III. Esteban interpreta la historia de Moisés como la de un liberador rechazado (Hch 7,20-44); comparación entre Moisés y Jesús (Heb 3,1-6); la historia de Moisés, movida por la fe (Heb 11,23-29).

MISION

I. Los seguidores de Jesús han de continuar su misión (Mt 10,1.7s; cf. 4,23; cf. Jn 17,18; 20,21), primero en Israel, luego en el mundo entero (Mt 10,5-6; 28,19; cf. Hch 1,8).

En Mc, la convocación de los Doce se hace para la misión universal (3,14s; no se limita a Israel); es decir, el Israel mesiánico no será, como debía haber sido el antiguo, un centro de atracción para las naciones, sino que ha de ponerse activamente al servicio de la humanidad. La misión confiada por Jesús a los Doce (6,7-12) no tiene éxito (cf. 6,30-33), pues los enviados no salen de las categorías judías. Dos paradigmas para la misión de los discípulos con Israel: con el pueblo sometido a la institución «<la aldea»), sacar a la luz los textos del A T que contradicen la teología oficial de mesianismo guerrero y victorioso (11,2-7); con la institución misma, exhortarla a la enmienda y proponerle un Mesías crucificado (14,13-16).

La actividad misionera está significada en Me con el verbo «ir de paso» (gr. parágo), que aparece tres veces: 1,16, de Jesús que invita a las dos parejas de hermanos; 2,14, donde invita a Leví; 15,21, de Simón Cirineo que vuelve del campo y es obligado a llevar la cruz.

Lc pone dos envíos misioneros: el de los Doce (9,1-6) y el de los Setenta (número que alude a la totalidad de los pueblos del mundo) (10,1), ambos con el mismo mensaje y autoridad (9,2.6; 10,1.9; cf. 10,17); la misión es única y en ella han de participar tanto los seguidores que proceden del judaísmo como los que no proceden de él. La misión de los Doce fracasa (9,40), la de los Setenta tiene éxito (10,17- 20). Renueva la misión universal de los Once (24,46-49).

II. En Jn, Jesús confiere a los discípulos la misma misión que él recibió del Padre (17,18; 20,21); de ahí que los asocie a la realización de las obras del que lo envió (9,4) Y les anuncie que harán obras como las suyas y aun mayores (14,12). Como la de Jesús, la misión de los discípulos se formula en términos de pastoreo (10,11.14; 21,15-).


La misión se realiza colaborando como amigos en la obra de Jesús (cf. 12,26; 15,15) Y el fruto es también propio de los discípulos (15,16). El ámbito universal de la misión está incluido en la universalidad de la comunidad futura (10,16; 11,51s), anunciada por el acercamiento de los 

griegos a Jesús (12,21) y simbolizada por los siete discípulos que participan en la pesca/misión; el número doce, que representa a Israel , queda sustituido por el siete, que alude a la totalidad de los pueblos .

La misión tiene como resultado el fruto en su doble aspecto: el objetivo, los hombres que reciben vida definitiva; el subjetivo, el crecimiento del discípulo en el amor.

Así como la misión de Jesús se expresa en términos de testimonio (8,12.14; 18,37), lo mismo la de los discípulos; ellos dan en medio del mundo el testimonio sobre Jesús que reciben del Espíritu (15,26). La misión se realiza en medio de la persecución solapada o abierta (15,18-20), que puede llegar a ser sangrienta (16,2): son los dolores de parto de la humanidad nueva (16,21).


 III. En Hechos, Jesús envía a los discípulos en 1,8; la misión ha de hacerse con la fuerza del Espíritu; el itinerario marcado, Jerusalén, Judea, Samaría, los confines del orbe, se va verificando en el libro, aunque la salida de Jerusalén no se hace sino forzados por la persecución (8,1.4-25: Samaría); tras su conversión, Pablo predica a los judíos en Damasco (9,20-22); el Espíritu empuja a Pedro a proponer el mensaje a un pagano simpatizante con el judaísmo (Hch 10). Los dispersos llegan a Antioquía y, por primera vez, se anuncia la buena noticia a los paganos (11,19-26). El Espíritu confiere una misión a la comunidad de Antioquía (13,1-4). El anuncio se va extendiendo, Pablo llega a Roma (28,11-31).


Misión de Pablo (Rom 1,5.14); necesidad de la misión (10,14-21); la misión como liturgia (15,15-19); el apóstol, arquitecto (1 Cor 3,10s); papel de los misioneros (4,1); táctica de Pablo (9,19-23); actitud (2 Cor 6,1-10; 1 Tes 2,1-12); llamada de Pablo (Gál 1,15s); dilema (Flp 1,21- 

26).

Testimonio de los cristianos (1 Pe 3,15-17).

MINISTERIOS.

Gr. diakonia; lato ministerium: servicio.

 I. Jesús no pide ser servido, vino para servir (Mt 20,28; Mc 10,45; Lc 22,26s; cf. 12,37); está entre los suyos como e! que sirve (Lc 22,26s), expresión de su amor que continúa en la comunidad (Lc 12,37). Paralelamente, entre los suyos toda actividad o responsabilidad ha de ser servicio, excluyendo todo autoritarismo y dominio (Mt 20,25-2$ par.). Ser primero consiste en hacerse último y servidor de todos (Mc 9,35 par.); e! mayor se igualará al más joven y e! que dirige al que sirve (Lc 22,26)

II. Los Doce se sienten encargados de un servicio (Hch 1,17.25; 6,4; cf. Rom 11,13; 15,31; 1 Cor 3,5.21-23; 2 Cor 6,3); hay muchos servicios, pero un único Señor (1 Cor 12,5; 2 Cor 4,5).

III. Funciones en las comunidades: 

a) Presbyteroi, ancianos (1 Tim 5,1.2; 1 Pe 5,5; cf. Ap 4,4.10). En el Gran Consejo judío, los presbyteroi eran los senadores seglares (Mt 16,21 par.; 21,23, etc.); en los pueblos eran una especie de concejales (Lc 7,3). A imitación del Consejo seglar judío, la iglesia de Jerusalén instituye un consejo alrededor de los Doce (Hch 11,30; 15,2.4, etc.), que continúa más tarde con Santiago (21,18) (traducción, «responsables»; e! término «presbítero» tiene otras connotaciones). Esta institución se propaga a otras iglesias locales (Hch 14,23; 20,17; cf. 1 Tim 5,17-19; Sant 5,14; 1 Pe 5,1); en la comunidad de Timoteo, su función era presidir y tenían un estipendio (1 Tim 5,17). Abusos (1 Pe 5,1-4).

b) Epískopos, encargado, inspector, guardián, dirigente «<obispo» tiene otras connotaciones), que se identifica con presbyteros (Hch 20,17.28 = guardianes; dicho del Mesías, en 1 Pe 2,25) o era quizá el primero entre ellos (Tit 1,5.7). En las Pastorales, el retrato del dirigente es el de un hombre ejemplar (1 Tim 3,1-7; cf. Tit 1,7-9). En Flp 1,1. el plural epískopoi podría designar a los encargados de la administración, pues la carta se escribe para dar gracias por la ayuda económica a Pablo (4,10-20).

c) Diákonos, servidor, agente, auxiliar, colaborador. A menudo no designa una función sino una actividad (1 Cor 3,5; Ef 6,21). Como función, en Rom 16,1, de una mujer; Flp 1,1. Cualidades (1 Tim 3,8-13).

d) Los hegoúmenoi (guías, dirigentes) de Heb 13,7.17.24 son responsables de las comunidades; se recomienda obediencia y docilidad hacia ellos.