lunes, 2 de enero de 2012

PECADO.

 I. En los sinópticos. En Mt y Mc Jesús exhorta la enmienda o cambio de vida (cf. Mt 3,8; Le 3,8) como preparación al reinado de Dios que llega (Mt 4,17; Me 1,15). En Mt 3,2, la misma exhortación aparece antes en boca de Juan Bautista.

 a) En Mc, el término «pecados» (gr. hamartíai), según la tradición profética, denota las injusticias (cf. Is 1,17s); aparece dos veces, en ambas referido a la vida antes de dar la adhesión a Jesús (1,5; 2,5). Nunca se emplea para los seguidores de Jesús (cf. 11,25: paraptomata).

El pecado no consiste ya en transgredir una norma, sino en la maldad que sale de dentro y daña a uno mismo o al prójimo (Mc 7,14-23 par.). Es de suma gravedad escandalizar con el deseo de preeminencia a los que quieren seguir a Jesús (Mt 18, 1-7; Mc 9,33-37.42; cf. Lc 17,1- 4). Autodisciplina para no escandalizar (Mc 9,43-48 par.).

El perdón de Dios es total, sin humillar (Lc 15,18-24), produce agradecimiento (7,41s.47), que obliga a perdonar a los demás (Mt 18,21-35). Quien no perdona a su prójimo no puede ser perdonado por Dios (Mt 6,14s), ni escuchado (Mt 5,23s; Mc 11,25; vf. Mt 6,12.14s; Lc 11,4). Perdón ilimitado (Mt 18,21s; Le 17,3s); el máximo del perdón se muestra en el amor a los enemigos (Mt 5,43-48 par.; cf. Lc 23,34).

 b} El término «pecador» tiene con frecuencia un sentido de notoriedad social, aplicándose a los descreídos o irreligiosos y a gente de bajo nivel moral; en boca de los fariseos designaba a los que no seguían su interpretación estricta de la Ley (Mt 9, 10s.13; Mc 2,15-17; Lc 5,30.32; 6,32-34; 15,1.2)

 Jesús frecuenta la compañía de los pecadores, come con ellos (Mt 9,10-13 par.); en Mt, elige a uno para el círculo de los Doce (Mt 9,9; 10,3). Lo siguen en gran número (Mc 2,15), acuden a él en masa (Lc 15,1), se invita él mismo a casa de Zaqueo (Le 19,1-10). Esto le valió una especie de mote (Mt 1,19; Lc 7,34). Justifica su actitud ante los comentarios malévolos (Mt 9,12s par.); responde con tres parábolas a los fariseos (Lc 15,1-32).

 Todo pecado puede perdonarse, excepto el insulto contra el Espíritu Santo, la mala fe que, cerrando los ojos a la evidencia, atribuye al diablo la acción de Dios (Mc 3,28-30 par.).

En el grupo de discípulos Jesús dice al ofendido que tome la iniciativa para restaurar la unidad (Mt 18,15); al que no acepta la reconciliación se le considera como un extraño (ibid. 17).

 II. En J n, hamartía en sg. puede indicar una situación a n 1,29; 8,21; 9,41; 15,22; 16,8s) o una acción o actividad (8,34.46); en plural indica siempre acciones determinadas (8,24; 9,34; 20,23).

a) El pecado como situación se atribuye «al mundo», a la humanidad (1,29). Este pecado existe antes de la llegada de Jesús, cuya misión es quitarlo/eliminarlo (1,29), infundiendo el Espíritu (1,33). El pecado es una opción que frustra el proyecto divino sobre el hombre, impidiendo la vida, reprimiéndola o privando de ella. Se insinúa en 1,10: «el mundo no la reconoció», no se dejó guiar por el proyecto divino sobre el hombre ni colaboró con él.

Esta opción la hace el hombre al hacer suyos los principios (la ideología/tiniebla) que rigen el orden social injusto e integrarse en él (8,23).

b) Colocando «el pecado» en el sistema simbólico creado por Jn para describir la sociedad enemiga de Dios, puede hacerse este resumen:

Hay un grupo humano que tiene por principio inspirador (8,44: padre) el provecho personal (raíz del pecado), concretado en la ambición de riquezas (8,44) y de gloria humana (5,44; 7,18; 12,43). Ese principio se traduce en una ideología que justifica el dominio y la explotación de los demás (la tiniebla, cf. 1,5; 3,19; 8,12; 12,35; la mentira: 8,44) y se objetiva en una estructura social (el orden este, el mundo: 8,23; 9,39; 12,25.31), dirigida por un círculo de poder (el jefe del orden este: 12,31; 14,30; 16,11) . Con la enseñanza persuade al pueblo a dar su adhesión a la ideología y valores del sistema injusto que le priva de libertad (7,26.49; 12,34); con sus medios coercitivos lo mantiene en el temor (7,13; 9,22; cf. 8,44: homicida). La existencia del sistema injusto depende, por tanto, de la sumisión voluntaria del pueblo a la ideología y dominio de los dirigentes. La opción por el sistema que lo domina (el pecado) reduce al pueblo a una situación de invalidez, como muertos en vida (5,3.21), condenados a la muerte definitiva (5,5.21.24s).

 c) «Los pecados» (8,24; 20,23), acciones iteradas, equivalen a las obras perversas (3,19; 7,7; d. 17,3), a «actuar con bajeza» (3,20; 5,19), opuesto a «practicar la lealtad» ( = el amor leal, 3,21). «Pecados» son, pues, acciones contrarias a las que inspira el amor al hombre, que se oponen a su bien (cf. 5,29). Se concretan en engañarlo con «Ía mentira» (8,44), explotarlo (10,1ss: ladrones) y privarlo de la vida (8,44: homicida; 10,10).

«El pecado», cuyo principio inspirador es el provecho propio, es la opción constituyente de la solidaridad del mal, «el orden este» que despliega su actividad en la opresión y la injusticia (los pecados). Jesús crea la solidaridad del bien: su principio inspirador es el Espíritu, el amor del Padre: su opción constituyente es el mandamiento de Jesús; éste crea la solidaridad del amor centrada en Jesús, que despliega su actividad en «las obras del Padre» (9,3s), llamadas «los mandamientos de Jesús».

 III. a) Para Pablo el pecado es una potencia maléfica que entra en el mundo con el primer hombre (Rom 5,12). Hay una conexión íntima entre pecado y muerte: el pecado reina dando muerte (5,12.21), paga con muerte (6,23; Ef 2,1; cf. Sant 1,15). Siempre existió el pecado en la humanidad, aun antes de la Ley, aunque, en ausencia de Ley, no se imputaba (Rom 5,13); todos los hombres estaban bajo el dominio del pecado y separados de Dios (3,23).

La Ley intervino para dar conciencia del pecado (Rom 3,20; Gál 3,19), pero al mismo tiempo para aumentarlo, pues atizaba las pasiones pecaminosas (Rom 5,20; 7,5; Gál 3,22). El pecado, apoyándose en la Ley, exacerba los deseos (Rom 7,7). La Ley no se identifica con el pecado (Rom 7,7), pero éste engaña al hombre que desea vida, haciéndole ver en la Ley un obstáculo a la vida o bien un medio para alcanzarla, cuando de hecho la Ley no puede dar vida (Rom 3,20; Gál 2,16; 3,21), es sólo un indicador externo (Gál 3,19). Así, lo mismo quien viola la Ley que quien se apoya en el propio esfuerzo de observancia para obtener vida, caen en poder del pecado; este último por su arrogancia y orgullo, pues la vida no se compra, es regalo de Dios (Rom 6,23).

De ahí la triple conexión: el aguijón de la muerte (como animal venenoso) es el pecado, y la fuerza del pecado está en la Ley (1 Cor 15,56). Por tanto, para liberarse del pecado hay que liberarse de la Ley; si hay que morir al pecado (Rom 6,2), hay que morir a la Ley, su instrumento (7,4); donde no hay Ley, no hay transgresión posible (4,15).

La liberación de la Ley y del pecado sólo es posible mediante el Espíritu (Rom 8,2). Pablo describe esta liberación como un cambio de dueño (6,13-22): el antiguo dueño, el pecado, pagaba con muerte; el nuevo, Dios, regala vida definitiva por medio de Jesús Mesías (6,23).

En Rom 7,7-23, la personificación del pecado como una fuerza exterior al hombre describe la alienación y escisión interna que el hombre experimenta (7,16.19.22). En 2 Cor 5,14s se expresa la esencia del pecado del que Jesús libera: vivir para uno mismo, lo opuesto al amor fraterno.

IV. La carta a los Hebreos presenta la obra de Jesús Mesías como la del sacerdote que expía los pecados de la humanidad (1,3; 2,17; cf. 1 Pe 3,18) de manera definitiva (9,12.26.28; cf. Rom 6,10). El simbolismo sacerdotal, tomado del AT, sirve al autor para oponer la inutilidad de los ritos antiguos (7,11; 10,1-4.11) a la eficacia permanente de la muerte-resurrección de Jesús (10,9.12-14), que elimina el pecado (9,26.28) y pone fin a los sacrificios por el pecado (10,18.26). Inaugura así la nueva alianza, en la -que Dios no recuerda los pecados (8,12; 10,17s). El sacrificio del Mesías fue único e irrepetible (7,27; 9,12.26.28; 10,10), su efecto, definitivo (10,2), purificando de una vez la conciencia del hombre (9,14); por eso, ahora, plena confianza (2,18; 4,16).

PASTOR.


I «Pastor» y «ovejas», o el colectivo «rebaño», son términos correlativos. En el lenguaje del AT, «pastor», «pastorear» designaban a los jefes y su función respecto al pueblo (<<ovejas», «rebaño»). 

«Pastor» se decía de Dios (Gn 48,15; 40,24; Sal 23,1: 28,9; 80,2; Is 40,10s; Jr 23,3; 31,10; Ez 34,11-22) y de los jefes (2 Sm 7,7; Is 56,11; Jr 2,8; 3,15; 10,21; 22,22; 23,1-4; 50,6; d. Hch 20,28; 1 Pe 5,2), particularmente de David (Sal 78,70s) y del futuro David que Dios había de enviar (Ez 34,23s; cf. Jr 23,5; 30,9). La denuncia contra los malos pastores aparece especialmente en Jr 23,lss y Ez 34,1ss (cf. Mc 6,34 par.)

En Salmos,  Salomón 17,40, es el Mesías quien ha de pastorear el rebaño de Dios (cf. Sal 2,9). «El Pastor» es, por tanto, una manera de designar al Mesías (cf. Mt 2,6; Mc 14,27 par.). Como el término «rey», el de «pastor» adquiere en boca de Jesús un contenido distinto del tradicional.

    
II. a) En Jn, el tema pastor ovejas constituye un leit-motiv. En la primera Pascua (2,13ss) Jesús expulsa del templo a las ovejas y a los bueyes, figura del pueblo oprimido por la institución. En 5,2 la piscina se encuentra en/junto a la Puerta de las Ovejas, relacionando a la muchedumbre de enfermos con las ovejas expulsadas del templo. Reaparece el tema en la denuncia de los dirigentes después de la expulsión del ciego curado (9,39-10,21). Se menciona por primera vez la figura del pastor (10,2.11s.14.16), contrapuesta a las de los dirigentes contemporáneos, calificados de «ladrones y bandidos» (10,1,8.10). El tema aparece implícito en la primera negación de Pedro (18,15-18), enlazada con 10,1 por la mención del «atrio/recinto». Pedro, que debía entrar dispuesto a dar la vida con Jesús, el pastor, se niega a hacerlo. Se completa el tema en 21,15-19, donde la misión del discípulo y de la comunidad se describe en términos de pastoreo. Jesús invita a Pedro a demostrarle su amor dando la vida por las ovejas, compromiso que equivale a seguir a Jesús (21,19).

b) La figura del pastor tiene tres rasgos fundamentales: 1) entra por la puerta por reconocérsele su derecho (10,2s), 2) tiene ovejas propias suyas (10,3.12) y, finalmente, 3) se entrega por ellas. Jesús es el pastor por excelencia, el modelo de pastor (10,11.14). Su objetivo como pastor es sacar (éxodo) a las ovejas/pueblo de la institución que lo oprime (10,3s), donde es explotado y sacrificado por los ladrones (10,10).

Jesús describe su alternativa bajo la figura de «la puerta»; ésta, por oposición al «recinto/atrio», no encierra; quien entra por ella, es decir, quien adopta la misma actitud que Jesús, encuentra la libertad (entrar y salir) y el alimento (10,9).

PALABRA.

I. El término griego lógos tiene una variada gama de significados: palabra, proyecto formulado (lat. ratio), discurso, dicho, mensaje, etc. Para «mensaje», cf. Mc 1,45; 2,2; 4,14ss par.; 4,33; 8,32; Mt 5,37; Lc 1,2, etc.; Col 3,16; 2 Tes 3,1; Heb 6,1; 1 Jn 1,10; 2,7.14. El mensaje puede concretarse: mensaje de la cruz (1 Cor 1,18); de la reconciliación (2 Cor 5,19). En Mc 7,13, lógos significa mandamiento; enRom 9,9, equivale a promesa. Fuerza de la palabra de Dios (Heb 4,12).

II. En el prólogo de Jn (cf. 1 Jn 1-4; Ap 19,13), lógos tiene un sentido complejo:

a) Proyecto que existía antes de la creación; se dirigía a DlOS porque formulaba el proyecto que Dios se decía a sí mismo (1,1: identificación de lógos/palabra con sophía/proyecto; cf. Prov 8,22-24.27; Eclo 1,1.4-6.9; Sab 8,4; 9,1-9; Sal 104,24 LXX y Gn 1,1 según Targum Jerus. Il y Neophiti), El proyecto concernía en particular a la creación del hombre, al que Dios, por la comunicación plena de su misma vida, pretendía dar condición divina (cf. 17,24); por eso, «la Palabra era Dios», es decir, «un Dios era el proyecto» (1,1c).

b) Palabra creadora, que no sólo formulaba el proyecto, sino que era el instrumento eficaz de su ejecución (1,3s).

c) Palabra expresiva: el proyecto, formulado en palabra, manifiesta el ser de Dios, su amor por el hombre.

d) Palabra comunicativa, pues la vida, contenido del proyecto (1,4), se da a conocer como luz que brilla (1,5), al mismo tiempo que se comunica como luz que ilumina (1,9). Por ser palabra que interpela, es el mensaje que manifiesta la voluntad de comunión de Dios con el hombre (1,9-12).

e) Palabra normativa. Por ser el proyecto la expresión de la voluntad creadora de Dios, la aspiración a realizarlo, alcanzando la plenitud de vida contenida en él, se hace norma para el hombre. Esta palabra corresponderá al mandamiento de Jesús.


Tal es el proyecto-Palabra que se hace realidad humana (1, 14). Jesús, como proyecto realizado, es «el Hombre» (el Hijo del hombre/la expresión suprema del hombre) y «el Hijo de Dios» (1,34.51). Como expresión del proyecto divino sobre el hombre es la Verdad acerca de Dios (manifestando su amor por el hombre) y acerca del hombre mismo (manifestando la meta que Dios le propone). 

Se convierte así en norma de conducta (13,34: «Igual que yo os he amado»). Como Palabra creadora eficaz, que dispone de la vida y la comunica (5,26), es el dador del Espíritu (1,33), que da la capacidad de hacerse hijos de Dios (1,12).

PADRE.

I. En el AT, aunque se afirme que Dios es Padre (Is 63,16; Jr 3,4), nunca se le invoca como tal. En oraciones judías de la era cristiana se dice en hebreo (ya lengua muerta) refiriéndose al pueblo: «nuestro Padre y nuestro Rey», pero nunca el individuo, ni en lengua vulgar.

La forma aramea Abba, más afectuosa que «padre» a secas, la usaba.n los hijos (también adultos) con sus padres, y se daba como tratamiento a personas de respeto. Jesús es el primero que la usa para dirigirse a DIOS (en aram. en Mc 14,36; d. Rom 8,15; Gál 4,6). Expresa la nueva relación de amor y confianza con Dios.

Jesús inaugura esa relación; por eso habla de «su Padre» (Mt 15,13; 18,10), de «vuestro Padre» (Mt 5,48; 10,29; Mc 11,25, etc.), e incluso de «tu Padre» (Mt 6,4.6.18). Enseña a confiar en el Padre (Mt 7,7-11 par.; Lc 12,32; 18,1-8, etc.). Lo único que el Padre no tolera es la división entre sus hijos (Mt 6,14s). Los discípulos invocan a Dios como Padre (Padre nuestro: Mt 6,9; cf. Rom 1,7; 1 Cor 1,3; 1 Pe 1,17). Lo que hace hijos de Dios es el amor universal (Mt 5,44s). De hecho, en la cultura semítica, la relación padre-hijo no se funda exclusivamente en la existencia dada-recibida, sino en la identidad de conducta; el hijo demuestra serio con su actividad igual a la del padre (cf. Jn 5,20ss;8,39.41.44 ).


 El apelativo «Padre», aplicado a Dios, es la reinterpretación de "Dios creador» (nunca como título en los evangelios; cf. Mc 10,6; 13,19; Mt 19,4). De hecho, el proyecto creador sobre el hombre no se agota en la idea de imagen, sino que se termina en la de «hijo». Dios es Padre porque por amor comunica al hombre su propia vida (el Espíritu). Este apelativo traslada la idea de Dios del ámbito del templo al de la familia (cf. Jn 4,53; 12,13; 14,2: el hogar del Padre; Ef 3,14s). Al sacar a Dios del ámbito de lo sacro, cambia el carácter del culto. Se suprimen los templos (Jn 2,19.21; 4,21; Hch 7,49s; 2 Cor 6,16; 1 Pe 2,4s) y el culto ritual queda sustituido por la práctica del amor fiel, secundando. 

El dinamismo del Espíritu; los hombres que se entregan a ella son los adoradores que el Padre busca (Jn 4,21s; Rom 12, ls; Flp 2,17; Heb 13,15s).

La paternidad de Dios crea una comunidad universal, suprimiendo el particularismo étnico (]n 4,12: padre Jacob; 8,38ss: Abrahán).

Por ser «padre» un título dado en su época a personas de relieve, Jesús prohíbe a sus discípulos usarlo entre ellos (Mt 23,9).

II. En Jn, a) el Padre comunica al Hijo toda su riqueza y esplendor (1,14), haciéndolo igual a sí (3,35; 13,3; cf. 5,27). El Padre es, pues, el prototipo del amor generoso y fiel (1,14), creador de igualdad (1,18: «un Hijo único, Dios»), Por medio de Jesús, comunicará su riqueza a los demás hombres (17,22). Todo concepto de Dios que no corresponda al de Padre, tal como se ha expresado en Jesús, es falso (17,3; 20,17).

Existe una perfecta unidad y mutua identificación entre el Padre y Jesús (10,30.38; 14,10s; 17,11b.21s), una total comunión de bienes (17,10), unidad de designio (5,30; 6,38) Y de acción (5,17.36; 9,4; 10,25.37s). Esta unión hace de Jesús la presencia del Padre en el mundo (12,45; 14,9), su santuario (1,14; 2,19.21), su explicación (1,18). Por eso, honrar a Jesús es honrar al Padre (5,23) y odiar a Jesús es odiar al Padre (15,23).

b) El Padre ama a la humanidad; la prueba máxima de ese amor es el don del Hijo único (3,16). Enseña a los hombres a acercarse a Jesús (6,45), fomentando en ellos la aspiración a la plenitud de vida contenida en el proyecto creador (cf. 7,17).

Los que responden a la llamada del Padre dan su adhesión a Jesús, y el Padre se los entrega (6,37), sacándolos del mundo injusto (17,6). La unión de los discípulos con el Padre se hace a través de Jesús, en quien el Padre está presente (14,20). El Padre quiere (amor de amistad) a los discípulos (16,27). Al que demuestra su amor a Jesús cumpliendo su mensaje (amor de identificación) el Padre le demuestra su amor estableciendo su morada, con Jesús y en Jesús, en el discípulo (14,23). La presencia del Padre y de su gloria, que hace de Jesús su santuario (2,19.21), se comunica así a la comunidad (17,22) y a cada uno de sus miembros (14,23 ).

ORACIÓN.

I. La oración del cristiano no es ascética, sino fruto del Espíritu/amor. En paralelo con los dos efectos del Espíritu, el amor de identificación con Jesús y el Padre y el amor de entrega a los demás hombres , la oración presenta dos aspectos: el de unión con Jesús y el Padre y el de petición en favor de los hombres.

La unión con Jesús y el Padre es continua y está dada con el Espíritu. Basta tomar conciencia de esa presencia de amistad y de la comunidad de vida y acción con Jesús y el Padre (]n 14,23) para estar en oración, sin necesidad de palabras. Expresión verbal de esta oración pueden ser la alabanza y la acción de gracias. La oración de petición, en cambio, no es continua, sino ocasional.

La alabanza, bendición y acción de gracias pueden ser también un reconocimiento del amor del Padre a propósito de un hecho determinado (Mc 6,41 par.; 8,6 par.; Jn 6,11; 11,41s).

La identificación de la oración de unión con la comunión de Espíritu explica las escasas veces que aparece Jesús orando en los evangelios. La oración que en ellos se menciona es la de petición. Así, en Mt Jesús aparece orando dos veces (14,23; 26,39); tres veces en Mc (1,35; 6,46; 14,32-42). En Lc, nueve veces, a menudo en momentos cruciales de decisión (3,21; 5,16; 6,12; 9,18.28s; 11,1; 22,32; 22,39-46). En Mt 11,25s y Lc 10,21 Jesús expresa en voz alta su alabanza al Padre por su designio. En Jn no aparece el verbo «orar/pedir» (gr. proséukhomai). En el cap. 17 ora al Padre por los discípulos (17,9), para que los proteja en medio del mundo (17,15) y por los discípulos futuros (17,20).

II. Jesús exhorta a sus discípulos a orar: por sus perseguidores (Mt 5,44; Lc 6,28); para que Dios mande obreros (Mt 9,38), conceda su Espíritu (Lc 11,13), haga justicia (Lc 18,1-8), para no ceder a la tentación (Mc 14,38 par.). Hay que orar con insistencia (Mt 7,7-11 par.), con una fe sin reservas y sin rencor (Mc 11,23-25 par.). Para la comunidad, el modelo de petición es el Padre nuestro (Mt 6,9-13 par.).

III. La oración de los hijos de Dios, como la del Hijo, se funda en la certeza del amor del Padre (Abba, Rom 8,15; Gál 4,6; cf. 1 Pe 1,17) y se expresa en alabanza, acción de gracias y petición. Las cartas apostólicas comienzan ordinariamente bendiciendo a Dios (2, Cor 1,3; Ef 1,3; 1 Pe 1,3) o dándole gracias (Rom 1,8; 1 Cor 1,4; Flp 1,3; Col 1,,3; 1 Tes 1,2; 2 Tes 1,3; Flm 4).


Se pide a Dios por los Siete que van a ser nombrados (Hch 6,6), para que baje el Espíritu (8,15), antes de curar (28,8), valentía para exponer el mensaje (4,29-31), por otros cristianos (Flp 1,9; Col 1,3.9; 4,3) o por todos (Ef 6,18), por los reyes y todos los hombres (1 Tom 1,1s). Se pide la venida del Señor (Maranatha, 1 Cor 16,22; Ap 22,20). A la oración pública se responde «Amén» (1 Cor 14,16; 2 Cor 1,20; Ap 5,14; 7,12; 19,4).

Pablo y Silas oran cantando en la cárcel (Hch 16,25). Pablo tiene una visión mientras ora (22,17s). Oración para obtener la salud (San 5,13-16). Oración incesante (1 Tes 5,17; cf. Lc 18,1; 21,36), cierta (1 Jn 5,14s). Hablar en lenguas es una oración inspirada (1 Cor 14,14).


La petición de misericordia o compasión, frecuente en los que se acercan a Jesús, desaparece entre los cristianos, que han obtenido ya la misericordia al ser regenerados por Dios (1 Pe 1,3; 2,10; Rom 11,30-32; 1 Tim 1,14). Como bendición, sin embargo, se desea la misericordia (ayuda eficaz), como el favor y la paz de Dios (Gál 6,16; 1 Tim 1,2; 2 Tim 1,16.18; Jds 2).

OBRA.

El término gr. érgon puede tener un significado activo (la tarea / la realización de una obra) (Hch 13,2) o pasivo (la obra realizada) (Lc 24,19; Hch 7,22).

a) En Me, «obra/tarea» aparece dos veces, referida a cada miembro de la comunidad (13,34) y a la mujer que unge la cabeza de Jesús (14,6; Mt 26,10), significando en ambos casos la plena dedicación a la misión, sin escatimar la propia vida.

b) En Jn, la obra que Dios encarga realizar a Jesús es el acabamiento en sí mismo del proyecto creador: el Hombre-Dios (1,1). La obra queda terminada en la cruz, y su fruto es la entrega del Espíritu (19,30).

En Jn 6,29, «la obra que Dios quiere» y que Jesús propone a la multitud tiene sentido activo (6,28: «trabajar») y consiste en la adhesión constante a su persona.


c) Las obras de Jesús son acciones que dan al hombre fuerza/libertad/plenitud de vida y son las obras mismas del Padre, el Dios que por amor comunica su propia vida (5,17.36; 10,14). Son obras «excelentes» (10,32s), adjetivo que las coloca en el orden de la obra creadora (Gn 1,31) (cf. 7,7: las obras «perversas» del mundo). Las obras de Jesús son el testimonio del Padre en favor suyo (5,36; 10,35); por ellas se llega a la fe en que Jesús es el enviado de Dios (10,35; 14,11). 

No hacer caso a ese testimonio delata una situación de pecado (15,24). Las obras de Jesús son «señales». Las obras de los discípulos han de ser las mismas que las de Jesús (9,4). La adhesión a Jesús permitirá al discípulo realizar obras como las suyas y aun mayores (14,12). Para las obras en Pablo.

NICODEMO.

Antes de dar el nombre, Jn caracteriza a Nicodemo como fariseo, es decir, perteneciente al grupo judío que esperaba la perfección personal y la reforma del pueblo de la estricta observancia de la Ley mosaica; añade luego que era «jefe» judío, o miembro del Consejo supremo (Sanedrín); como fariseo, en calidad de letrado. Nicodemo, el hombre de la Ley y del poder ve el reino de Dios o sociedad nueva como fruto de la imposición y observancia de una Ley externa; no comprende que haga falta una transformación interior de! hombre; que la sociedad nueva exija un hombre nuevo. Ante su incomprensión, Jesús le pregunta con ironía (3,9). «El maestro de Israel» se decía de Moisés; Jesús insinúa que los doctores fariseos han suplantado a Moisés, falseando su Ley. La entrevista termina en un callejón sin salida.

En 7,51 aparece de nuevo Nicodemo como ferviente partidario de la Ley, y en nombre de ella reprocha a sus colegas fariseos la injusticia que cometen con Jesús (7,50), sin percibir que han convertido la Ley en medio de discriminación y de dominio sobre e! pueblo (7,49). Jn muestra a Nicodemo como un fariseo convencido, que profesa de buena fe su ideología, sin darse cuenta de la finalidad para la que se utiliza.

Nicodemo aparece por tercera vez en la sepultura de Jesús (19,39). Lleva una enorme cantidad de aromas para sepultarlo con ellos: el hombre amante de la justicia quiere perpetuar la memoria del injustamente condenado. Con José de Arimatea, entierra a Jesús «a la manera judía» (19,40), es decir, pensando que todo ha acabado con la muerte.

Jn retrata en Nicodemo al fariseo honesto, convencido de que las Leyes son la manifestación definitiva de la voluntad divina y es por eso incapaz de aceptar la novedad de Jesús.